No, no hay forma de cerrar ese ciclo que inicia en la concepción donde el padre por amor o por placer decide tener hijos lo sepa o no.
Tras su muerte uno escucha su voz en cada desición banal o importante que uno toma y como recordatorio de que uno es igual que él, están las pruebas:
Mismo caminar, mismas exigencias, mismos monólogos que en su momento fueron tormento para ese niño traumado por no comprender al "señor de la casa".
Uno comienza a ser el padre y deja de ser el hijo, y a veces uno es ambos y entiende que existir ya es prueba de que la divinidad mantiene un equilibrio en el universo.
El padre, el hijo.
Victor Alcazar
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